¿En serio?
Acababa de llegar y me fui a tomar un café a la cantina de la oficina.
Coincidí con una compañera de otro departamento.
—¡Hola! ¿Qué tal?
—Con ganas de vacaciones. —me contestó.
Era principios de julio y todavía nos quedaba un mes por delante hasta las vacaciones.
Las dos con vidas bastante ajetreadas. Niñas pequeñas, algún campamento de verano, corre que te pillo para llegar a la oficina y corre que te pillo para llegar a recoger a tu criatura, intentando además dejar todo el trabajo de verano hecho, que por aquellas fechas siempre era más intenso si cabe.
—¿Y tú? —me preguntó.
—Bien, con ganas de ir de viaje, pero también con ganas de vivir este mes.
(Creo que aquel verano nos íbamos a Tailandia).
Me miró sorprendida.
—¿En serio no estás loca porque llegue el viaje?
Y fíjate que, muchos años después, sigo acordándome de esa conversación.
Porque en esas dos respuestas había una diferencia enorme.
La diferencia entre vivir esperando las vacaciones o disfrutar también de todo lo que pasa antes de que lleguen.
Siempre he sido bastante disfrutona del camino.
Me encanta irme de viaje, pero también me gusta vivir el verano previo, las pequeñas cosas que hay a diario y que hay que saber disfrutarlas.
Hace muchísimos años, creo que desde que empecé a trabajar por cuenta ajena, me di cuenta de que era una auténtica locura pasar todo el año sobreviviendo para disfrutar únicamente unos pocos días de vacaciones.
O mejor dicho...
Sobrevivir once meses para vivir quince días.
Piénsalo un momento porque, cuando lo dices en voz alta, suena bastante loco.
Y además me he dado cuenta de otra cosa.
Cuando llegas a las vacaciones completamente arrastrándote, poniendo toda tu ilusión en esos días porque piensas que ahí empieza la buena vida, es muy fácil llevarte un bofetón de realidad.
Porque la vida no entiende de calendarios.
- Recuerdo vacaciones en las que los dos primeros días eran una batalla campal. Discutíamos por absolutamente todo hasta que conseguíamos bajar revoluciones. (Sí, yo también discuto con mi amado susodicho). Recuerdo unas en concreto que fueron apoteósicas, viajábamos en la autotienda .
- O empezar las vacaciones y ponerte mala, con un constipado de campeonato o hacerte un esguince, y tener que cambiarlo todo. En Malasia pillé una casi neumonía, que me duró las 3 semanas...
- O esa sensación de... “¿En serio? ¿Llevo meses esperando esto?” cuando las vacaciones no están siendo como esperabas.
- Y luego está el verano pasado, que algo se me desconectó interiormente y vaya telita...
Rayé la furgo prácticamente al empezar el viaje, la primera noche.
Discutí con un camionero rumano (lo sé por la matrícula) en una gasolinera mientras iba sola con mi criatura. Y el susodicho, a más de 600 kilómetros de distancia escuchando la conversación (la criatura iba hablando con él), pensaba que aquella sería nuestra llamada de despedida, forever...
Y, por si fuera poco, me metí en una ciudad francesa con un vehículo de ocho metros sin tener ni idea de cómo salir de allí.
Y bueno, lo que ya he contado, las terminé en dirección contraria en Copenhague, cosas...
Todo eso también forma parte de las vacaciones.
Porque la conclusión que saco de todas mis experiencias de vida y de las que voy observando, es que no quiero vivir esperando que lleguen las vacaciones para empezar a disfrutar.
Quiero que las vacaciones sean un capítulo más de una vida que ya merece la pena mientras la estoy viviendo.
Esto es para ti si...
.
..llevas semanas diciendo “no puedo más, necesito vacaciones” y luego, cuando por fin llegan, tardas cuatro días en bajar las revoluciones. Si es que las bajas.
...eres de las que prepara las vacaciones con una ilusión tremenda y una lista de cosas por hacer todavía más tremenda.
...te llevas la maleta perfectamente organizada, pero también el estrés, la culpa, la autoexigencia y las mil vueltas que le das a todo.
...te cuesta muchísimo desconectar porque tu cabeza no entiende de festivos.
...eres capaz de organizar las vacaciones de toda la familia mientras tú todavía no sabes ni cuándo vas a poder sentarte diez minutos sin que alguien te llame. Esa sensación que yo llamo “no te pueden ver quieta”, ufff… la detesto.
...te prometes que este verano sí vas a leer, descansar, pasear y dormir la siesta... y acabas poniendo otra lavadora. Lo que es dejarse para el final.
...te descubres esperando siempre a que llegue “lo siguiente”: el viernes, las vacaciones, septiembre, Navidad... como si la vida estuviera siempre un poquito más adelante.
...te ríes con mis aventuras en la furgo porque piensas: “Eso me podría pasar perfectamente a mí”.
...y, sobre todo, si sientes que hace tiempo que disfrutas mucho menos de lo que te gustaría.
Entonces creo que ✨ QUIERO SER DISFRUTONA ✨ te va a gustar mucho.
Porque no quiero darte deberes.
Ni añadir otra obligación a tu lista infinita.
Quiero regalarte un rincón fresquito para este verano.
Un lugar donde vas a reírte conmigo (y un poco de mí), donde vas a sentirte muy acompañada cuando descubras que no eres la única que discute en vacaciones o que se monta unas películas mentales dignas de un Oscar a la mejor actriz dramática, y donde, casi sin darte cuenta, te vas a llevar un montón de herramientas para vivir bastante más ligera.
Mi única intención con este curso es que cuando termine el verano no recuerdes solo dónde has estado.
Que recuerdes también cómo te has sentido.
Y ojalá sea un poquito más disfrutona que cuando lo empezaste.
Fátima Tejedor
PD1: ✨QUIERO SER DISFRUTONA ✨
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